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jueves, 30 de abril de 2020

La instalación del “Santísimo”


Reinaba animación y entusiasmo en Usansolo para las fiestas religiosas y profanas que con motivo de la instalación del Santísimo en la capilla de Ander Deuna, se iban a celebrar el domingo 14 de mayo de 1916.

Ander deuna.


Con objeto de habilitarla debidamente para el culto, se hicieron diversos trabajos de reparación y decoración de la ermita. El vecindario respondió contribuyendo a una suscripción abierta para atender dichos gastos y las familias realizaron diversos regalos. Aquel día, los balcones de las casas de la barriada se encontraron adornados con tapices. Las funciones religiosas se ajustaron al siguiente plan:
 
El sábado 13 al toque de oraciones; Rosario, plática y Salve.

El domingo 14 comenzó con una misa de comunión general a las 7 de la mañana; a las 10 y media, prosiguió con una misa solemne con sermón en euskera, que corrió a cargo del reverendo José de Malax-etxebarria, acompañado de Romualdo de Garibi, y de los diáconos y subdiáconos respectivamente, Ramón de Laborda y Santiago de Lezama. Un coro ejecutó la Misa de Perossi y durante el “Santo Sacrificio” estuvieron presentes las cuadrillas de jóvenes ezpatadantzaris locales e hilanderas, que terminada la misa, bailaron delante de la iglesia bailes vascos.

Por la tarde, a las 3 y media, hubo Rosario y sermón, terminando como la misa mayor, con bendición del “Santísimo”, donde nuevamente predicó el reverendo padre Malax-etxebarria. Hubo después una animadísima romería vasca en la campa de Ander Deuna, amenizada por las Bandas de Música y tamborileros de la localidad. Con algunos otros regocijos, terminó la grata jornada de la que quedó como perdurable recuerdo, la celebración de la fiesta del 14 de mayo.

Como expresión de la gratitud hacia el Obispo, se le dirigió a Gasteiz un comunicado en nombre del clero, autoridades y vecindario, participando del entusiasmo celebrado en la fiesta por la instalación del “Santísimo”.



Fuente: La Gaceta del Norte y Euzkadi

sábado, 29 de febrero de 2020

El robo de la parroquia


Era un caso excepcional que un pueblo del tamaño y prosperidad de Galdakao, tuviera su parroquia finalizada hace décadas, sin un retablo, ni un órgano. La antigua parroquia, con ser considerablemente más pequeña los tenía, y por tanto la nueva debía tenerlo. 

 Altar mayor de la iglesia donde se ven las imágenes de San Juan, del que se llevaron el manto de oro y purpura y de la dolorosa. Foto Espiga.



En una reunión celebrada en el Ayuntamiento, a la que asistió un centenar de vecinos, además del arzobispo Gandasegi, se decidió establecer una Comisión presidida por León Asua, alcalde, y Mariano de Uriarte, párroco, que organizara la financiación de la obra mediante suscripción popular. Remigio Gandasegi, recordó al anterior párroco, Remigio Uriarte, del que hizo un gran elogio.
 
Sagrario que los ladrones intentaron abrir usando palanquetas y en la cual pueden apreciarse los desperfectos. Foto Amado.
 


El Ayuntamiento decidió contribuir, pero dada la cuantía de la obra, resultaba insuficiente, por ello, se necesitaba la cooperación de otras personas. Añadido el donativo del Ayuntamiento, hacía una cantidad razonable, pero no cubría el presupuesto, sino tan solo su mitad. Se contactó con empresas y propietarios que, aunque no fuesen vecinos, poseían bienes en Galdakao y empresas y entidades existentes en la localidad, para que fuese tangible el proyecto. Además, aprovechando el día de Santa Bárbara, se celebró en el Cine Galdacano, cedido por la empresa, una velada cinematográfica en beneficio de la suscripción “pro retablo y órgano” de la parroquia.


Entre los proyectos presentados, se encontraba el del joven tallista hijo de la localidad, Teodoro Basoa, que tenía su taller en Durango. El famoso arquitecto Ricardo Bastida, realizó elogios de sus trabajos realizados en otras iglesias, e incluso para la nuestra. En cuanto al órgano, que se pretendía instalar simultáneamente para sustituir al pobre y viejo armónium, se encargó su construcción a la Casa Duarte, de Begoña, considerada como la mejor de la península. El retablo finalmente instalado, pesaba veintidós toneladas y fue traído en cuatro entregas.


                                  
Lugar de acceso de los ladrones. Foto Amado.



Durante el 21 de septiembre de 1933, se perpetró un robo en la iglesia parroquial de Santa María, denunciado por el cura párroco de la iglesia, Mariano Uriarte. Por las señales que dejaron los ladrones,  penetraron en el templo por una ventana situada sobre el tejado del pórtico, a una altura de unos diez metros, de la que rompieron los cristales. Luego amarraron una cuerda a la ventana y se descolgaron al interior de la iglesia. Ya en el interior, abrieron el sagrario del altar mayor mediante palanquetas, causando destrozos y apoderándose de dos cálices, uno de plata y otro de níquel, que contenía las “formas sagradas”, las cuales fueron dejadas en el altar. También se llevaron el manto morado con flecos de oro que tenía puesta la imagen de San Juan, manto de escaso valor. Para llegar hasta la imagen, izaron una escalera. Abrieron violentamente los sagrarios de los altares laterales y sin duda debido a la precipitación, no se llevaron un rosario y varias alhajas de valor de la imagen de la Dolorosa que se hallaba en el altar lateral derecho. Finalmente, los cacos escaparon por la puerta de la iglesia.


El robo debió cometerse entre tres y cinco de la madrugada, ya que fue advertido por el sacristán de la parroquia a las seis de la mañana. Los ladrones hubieron de salvar grandes dificultades para introducirse en la iglesia por la ventana por la cual entraron y para ello debieron emplear bastante tiempo, sin que sus movimientos fueran advertidos. 
 

Los agentes de la autoridad al tener conocimiento del robo, comenzaron sus pesquisas para descubrir a los ladrones, aunque varios muchachos fueron detenidos, pero puestos en libertad después de prestar declaración.


Fuente: Euzkadi.





                             
                                                                                                                                                              

jueves, 17 de agosto de 2017

Un beato en Galdakao. Fray Ignacio de Galdakao

Articulo publicado en Deia sobre Fray Ignacio de Galdakao


miércoles, 3 de agosto de 2016

Sabina Zamalloa. De Galdakao a Superiora General

Articulo publicado en Deia sobre las hermanas Sabina y Miren Zamalloa.


miércoles, 19 de marzo de 2014

El Obispo en la minas de Usansolo


La segunda mitad del siglo XIX supuso el desarrollo de la minería vizcaína, creando una nueva aristocracia entre los dueños de estas. Galdakao no quedó al margen de este desarrollo. En una de las visitas del obispo de Dora al municipio en agosto de 1905, este se desplazó a las minas de Usansolo. A mediodía llegó el obispo a Usansolo con el fin de bendecir las máquinas para el lavado de minerales y elevación de aguas de Agustín de Iza, cuya fuerza suministraba Carlos de Orue. Le acompañaban Esteban de Amezola, Bonifacio de Ormaechevarria y Fermín de Isasi, ambos familiares de Gandasegi, siendo acogido como de costumbre el ilustre galdakoztarra. En unión de dichas personas, de varios accionistas de las minas de Usansolo y demás invitados al acto, se dirigió al lugar en que estaban instaladas las máquinas para el lavado de minerales y bendijo el aparato de treinta caballos de fuerza. Después bendijo la bomba eléctrica para la elevación de aguas. Ambas instalaciones enorgullecían a la casa Thompson-Houston Ibérica y a su ingeniero Walter Bruch, al de las minas Jesús de Urrutia y al gerente de las mismas Francisco de Rementeria.




Acto seguido, después de dirigir el obispo frases a los que intervinieron en la instalación de dichas máquinas en las minas de Usansolo, pasó con sus acompañantes al frontón del barrio, en donde se le obsequió con un esplendido banquete al prelado, que tuvo en la mesa, a la derecha e izquierda, al párroco de Galdakao señor Uriarte y a Esteban de Amezola. Tomaron asiento en la misma mesa los familiares anteriormente citados, Agustín, Domingo y Valentín de Iza, Francisco de Rementeria, Esteban Santisteban y Agustín de Arrieta, accionistas de la minas de Usansolo, Amadeo de Gandasegi, Alejo de Eguskiza, Carlos Orue, Felipe de Jauregizar, Tomás de Larrinaga, Pedro de Arteabaro, José de Zarandona, Walter Bruch y Antonio Llomsa, empleados de la compañía Thompson-Houston; Juan José de Landa, Antonio de Allende, Enrique de Ortuzar, Juan de Zamakona, Fulgencio Martínez, Pedro de Barrenetxea y demás invitados. A los postres llegaron el maestro Vigueira de San Miguel de Basauri y Lucio de Landaburu. El menú del banquete estaba constituido por: aperitivos variados, paella a la valenciana, langosta con salsa tártara, codorniz a la italiana, espárragos a la vinagreta, pollo asado a la española, roatsbeef a la inglesa, mantecado de café, bizcocho montado, St. Honores, quesos, fruta, café y cigarros. Para beber se sirvió: Diamante blanco, limonada de vino blanco, Cañedo tinto, champagne Vauve Cliequot, champagne Pommery, Domecq, Martel, Chartreuse y Benedictine.

Cuando se destapó el champagne, inició los brindis el obispo de Dora, quien brindó por la prosperidad de las minas de Usansolo, siguiéndole en el uso de la palabra Francisco de Rementeria, gerente de dichas minas, Agustín de Iza, el médico de Galdakao señor Landa, Esteban de Amezola y el representante de la compañía Thompson-Houston. Terminado el banquete, se jugó en el mismo frontón un reñido partido de pelota entre “Riojita” y el simpático Ramón de Rementeria, contra “Artatxori”, quienes fueron aplaudidos por la gran concurrencia que acudió al partido.
Días atrás, el obispo había sido obsequiado en Galdakao por la “Sociedad Recreativa La Cruz”, que fue a su pueblo natal a visitar a sus paisanos. El banquete fue servido por el acreditado fondista León de Asua. Agradecido de su estancia en Usansolo, el obispo regresó a Bilbao a media tarde en unión de sus familiares y de Esteban de Amezola.