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sábado, 5 de mayo de 2012

La Ikastola de Galdakao

Articulo realizado gracias a las aportaciones de Juan Ramón Urrutikoetxea, Joseba Uribe, Jesús Mari Ibarra, Luis Intxausti, Juan Loroño y Roman Loroño. El articulo no habria sido posible hacer, sin el impulso de Gregorio Arrien, esperto en la educación de las ikastolas en la II República. 



Han transcurrido 76 años, pero los alumnos de la primera ikastola de Galdakao aún recuerdan su primer día de clase. Fue un lunes de marzo de 1934. Esta particular escuela abrió sus puertas en la calle Iberluce con alrededor de setenta alumnos desde párvulos hasta los ocho años. Para algunos era su primer día de colegio pero otros llegaban hasta aquel edificio bautizado como Plazakoetxebarria desde otros colegios como Gandasegi, en el propio municipio. Acudían desde casi todos los barrios de Galdakao (Plazakoetxe, La Cruz o Tximelarre). Lo hacían para aprender las materias que se impartían entonces pero sin estar separados por géneros y hablando, además, en euskera; un hecho que pagarían años después con la llegada de las tropas de Franco.

El edificio en el que impartían clase era propiedad del que fuera alcalde de Galdakao en aquellos tiempos, Pedro Urizar, y sus andereños se llamaban Monika Lekunberri y Rosa de Lekerika.

Hoy, aquellos niños que acudían andando "al camino de arriba", en Iberluce, tienen entre 80 y 85 años aunque nadie lo diría dado el nivel de claridad que todavía hace brillar los recuerdos que aún almacenan en sus memorias. Reunidos por el escritor e investigador Gregorio Arrien, siete de los alrededor de veinte supervivientes de aquellas vivencias se reunieron en torno a un café para, entre todos, componer la historia de la ikastola de modo que no caiga en el olvido.



"Es una pena que mucha gente crea que las ikastolas se crearon a finales de la dictadura cuando la verdad es que comenzaron durante la República", explica el autor de libros como La generación del exilio, cuyas páginas están dedicadas, precisamente a poner en valor la labor de aquellos primeros centros escolares de carácter vasco.

Fue entonces, durante la segunda República, cuando se creó la Federación de Escuelas Vascas (Euzko Ikastola Batza). Y con ella, las ikastolas de Bilbao, Durango, Amorebieta, Gernika, Barakaldo, Elorrio, Galdakao, Ondarreta, Portugalete, Sondika y San Salvador del Valle. No obstante, a pesar del éxito que les hizo acoger en poco tiempo a 1.500 niños, en 1937 tuvieron que echar el cerrojo ante la supervisión, cuando no agresión, por parte de los nacionales. En esto, como en casi todo, Galdakao no fue una excepción.

Ultimo día de clase
Los bombardeos acabaron con la vida normal en Galdakao

"Era la primavera del 37 cuando abandonamos la ikastola para no volver. Recuerdo que pasó un avión sobrevolando Galdakao. Estábamos en el recreo y Monika salió corriendo a recogernos para que nos guareciéramos dentro de clase. Desde ese día ya no pudimos volver", coinciden los ocho supervivientes de todo aquello. Ellos son Juan Ramón Urrutikoetxea Elorza, Jesús Mari Ibarra Aurrekoetxea, Juan y Román Loroño Sarría, Joseba Uribe Urtiaga, Garbiñe Urizar Totorika y Luis Intxausti Astigarraga.

Según cuentan, aquel día fue el principio de una vida totalmente distinta en la que los continuos bombardeos que sufrió el municipio por parte de la aviación Cóndor les obligó a alejarse del municipio con lo puesto. Los hermanos Loroño se marcharon a Karrantza, Garbiñe se fue a Trucíos, Jesús Mari estuvo interno en los Corazonistas de Vitoria y Jesús Mari pasó dos años en Inglaterra. "Tampoco nos enterábamos de mucho. La huida del pueblo, a pie, fue casi como una aventura", explican.


Ikastola de Errotatzueta (Bilbao)


La historia de Monika Lekunberri
A la andereño que siguió con las clases pese a la prohibición

Peor papel le tocó cumplir a las andereños, Mónica y Rosa. Esta última, que era de Morga, se marchó a Francia y después, a Madrid. La otra, Monika, tuvo que dar clases en la clandestinidad porque tenía prohibido hacerlo al haber sido profesora en la ikastola. "Iba de una casa a otra sin libros para que no la pillaran", recuerdan los que fueron sus alumnos. Más tarde, cuando "la perdonaron", montó una academia en su casa, hoy desaparecida, pero que ocupaba lo que hoy es el comienzo del parque Ardanza.

Según las memorias de estos vecinos, Monika fue una mujer "muy guapa y muy joven. Tendría 22 años más o menos cuando acabó la carrera y vino a darnos clase". "Fue una mujer fabulosa. Me enseñó matemáticas en el cuartito de su casa tan bien que luego fui a estudiar la carrera a la Cámara de Comercio de Bilbao", añade Garbiñe.

"Una pena", que el destino le deparara un final prematuro presa de un accidente en su hogar.

Tal y como contaba entonces Jenaro de Egileor, el cronista local en el diario Euzkadi, la ikastola de Galdakao estaba instalada en la planta baja de Plazakoetxebarria, un casa de apenas media docena de años. Según el plano que aporta, disponía de una amplia y ventilada aula para las actividades docentes, además de una cantina, vestuario e instalaciones higiénicas. En torno al centro, existía un pequeño jardín para el recreo.


Movimiento en favor de una Universidad Vasca.


Esta ikastola duró tres cursos. En los años 1935 y 1936 se habían formado ya tres grandes grupos: uno de párvulos que comenzaba con el aprendizaje de la lectura y la escritura, el intermedio y el de mayores. Los alumnos, mostraban una "gran entrega" por aprender el euskera, tal y como afirmaba el inspector de las Escuelas Vascas, Luis Aguirre. Este empeño en los niños se debía en parte, a que la junta local del centro había establecido un premio mensual al niño que con más fidelidad practicara el idioma.

Además de las andereños, los mayores recuerdan a otros personajes que tuvieron mucho que ver con aquella primera ikastola. El primer nombre que surge es el de Genaro Lekunberri, el padre de Monika, correo de la fábrica de Explosivos que se pasaba todos los días por el centro de camino a la oficina de Guturribai. No olvidan tampoco a don Karmelo Leizaola, presidente de la ikastola que murió en Brasil al año de fundarla. "Le pusieron una placa en su honor en la pared de la escuela. Cuando llegaron los nacionales se liaron a porrazos con ella", recuerda Luis.

Durante este periodo, muchos de estos estudiantes fueron devueltos, separados los niños de las niñas, a las escuelas nacionales de Gandasegi o a los Maristas de Zuazo, ubicados en un edificio que luego fue residencia de ancianos.

No fue hasta la década de los sesenta, con el régimen llegando a su época final, cuando Galdakao vio nacer su segunda ikastola. Esta se ubicó en Zabalea en un edificio propiedad de Ricardo Uriarte, hijo mayor de Juan Bautista Uriarte. Ya de regreso en Galdakao, fueron muchos los alumnos de aquel primer centro los que colaboraron en la apertura del segundo, tal y como reconocen los congregados que ya apuran el café.

"La verdad es que la de Galdakao es una de las ikastolas que me cae simpática, primero por el número de supervivientes que tiene todavía", explica el escritor Gregorio Arrien quien, con quedadas como ésta, espera poder completar los datos que le faltan sobre aquellas ikastolas de la República. "De Galdakao me faltan muchas cosas, sobre todo, en lo referente al material gráfico. Sería precioso que alguien tuviera alguna foto de las andereños Monika y Rosa o, incluso, del mismo centro escolar del que hoy sólo sabemos por testimonios", atestigua.

Artículo de DEIA





Articulo en Deia de Gregorio Arrien.



viernes, 20 de abril de 2012

Muertos en los bombardeos de la guerra civil en Galdakao

Articulo de Josi Sierra publicado en el periódico "Crónicas" de Galdakao en mayo de 2008.


La inauguración de las escuelas.


                          Camiña, arquitecto del edificio inaugurado.


En 1847, atendiendo al diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Madoz, Galdakao disponía de una escuela para ambos sexos, al que asistían 40 alumnos. Habría que esperar hasta el 22 de septiembre de 1912, para que el municipio se dotase de un edificio digno para la enseñanza. El diario “La Gaceta del Norte” se hizo eco del acto de inauguración de las escuelas de La Cruz, fiesta presidida por el Obispo Prior de las Órdenes Militares, hijo de la localidad, con la asistencia de autoridades y pueblo en general que se sumó al acto.


A las diez en punto, y con una concurrencia numerosa, se celebró el anunciado concurso de ganados en el que se presentaron excelentes ejemplares. Entre los novillos, ganó el primer premio, consistente en 25 pesetas, el presentado por Francisco Ascueli. Otro primer premio de igual importancia, lo obtuvo la vaca que presentó Felipe Barrenechea. Y por último, el de bueyes, igualmente de 25 pesetas, se lo llevó el presentado por Calixto Barroeta. El concurso terminó a las once de la mañana.


Fueron llegando los invitados recibidos por el alcalde. A las once y media, en el automóvil del minero Agustín de Iza, llego el obispo acompañado de su secretario y familiar Valero de Capdevilla, siendo acogidos por el gentío, que se agolpaba por besar el anillo pastoral. Le cumplimentaron el secretario del Gobierno, señor Portela, al que estaban invitados diputados provinciales, el arquitecto de las escuelas, señor Camiña, inspectores de enseñanza y el clero de la parroquia, entre los particulares, el director de “La Dinamita”, que ostentaba la representación de Pedro Chalbaud, Guillermo Pradera, Mauricio Jacqué, Ricardo P. de Uriarte y otros muchos.


En la planta baja del edificio se colocó el altar en el que comenzó la bendición, terminando en el segundo piso. El prelado disertó sobre la instrucción y la formación pedagógica, base de la prosperidad de los pueblos en opinión del eclesiástico. Realizó también, un estudio retrospectivo de la influencia de la enseñanza en la civilización y el progreso. 

 El obispo, prior de las órdenes militares, bendiciendo las nuevas escuelas de Galdakao. Foto Santaló.



La planta baja cubierta, estaba destinada al recreo de los alumnos, el piso principal a la escuela de niñas y el segundo a la de niños. Se dividía en dos grados, de manera que serian escuelas graduadas. Estaban dotadas de todos los servicios, urinarios, lavabos y guardarropas, instalados conforme a  todas las prescripciones de higiene de la época. El material de enseñanza era un verdadero modelo. Estaban pensadas para 200 niños e igual número de niñas. Disponían de amplias escaleras completamente independientes. El edificio no tenía más dependencias que las escuelas, nada que no estuviese relacionado con la enseñanza. La superficie por alumno, era más del doble de lo obligado por la ley y la “ubicación de aire” era más del triple, en palabras del periódico. El proyecto de escuelas fue iniciado siendo alcalde Francisco de Rementeria.

El Ayuntamiento obsequio con un banquete al obispo al que asistieron 60 comensales y servido por el hotel-restaurant Torróntegi, entre autoridades políticas, judiciales, educativas, eclesiásticas y prensa, celebrándolo en las nuevas escuelas, con mesas adornadas con flores naturales y bonitos jarrones. Presidio la mesa Gandasegi, situándose a su derecha; el secretario del Gobierno Civil, el diputado Ampuero y los señores Piñol y Jacqué. A la izquierda; el alcalde, el diputado San Pelayo y los señores Caramés y Arnau. Julián Larrinaga sirvió el banquete, con arreglo al siguiente menú: Tortilla de jamón, langosta con mayonesa, perdiz a la cazadora, espárragos, roastbeef a la inglesa, mantecado de vainilla, pastas y fruta, café, licores y cigarros, vinos de Bodegas Bilbaínas, La Rioja Alta y Champagne.

                  Edificio de las nuevas escuelas inauguradas. Foto Santaló.
 


Posteriormente al banquete, hizo su presentación la rondalla de Basauri
a la que se obsequió con café y cigarros.

Una novillada dio principio a las 4 con la presidencia el alcalde Gandasegi y dos señoritas. Pertenecían los novillos a la ganadería de Pedro Nazabal , de Otañez (Cantabria), y los encargados de entendérselas con ellos eran los muchachos de Txikito de Leiona. Hecho el despejo a los acordes de la música, salió el primero, con divisa verde y blanca. El bicho demostró poder y bravura, y lo manteó José Jiménez, Relojerito. José Imós clavó un par de frente  y pasó el bicho a manos del de Leiona. El segundo era más bravo todavía que el anterior. La cuadrilla se retiró. Todos temían al bicho. Algunos de los espectadores bajaron a capearlo y Ángel Tejedor se decidió a clavar un par que no clava. Manuel Lozano clava un par aceptable y Eugenio Urioste, el de Leiona, se decide a tomar el pincho y el trapo rojo, y acierta con una estocada que da fin del novillo. El director de la Dinamita le obsequió con un billete de 25 pesetas, que Urioste aceptó agradecido.
 
La romería duró hasta las once de la noche, y fue amenizada por la Banda de La Dinamita y el tamboril. Finalmente al anochecer, se pudo disfrutar de fuegos artificiales y cinematógrafo.


Fuente: Dime