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lunes, 30 de junio de 2014
sábado, 31 de mayo de 2014
miércoles, 30 de abril de 2014
La Corporación Municipal en la República
Tras la celebración de las elecciones el 12 de abril de 1931, los resultados se conocieron dos días después, y el 17 se reunieron en el salón consistorial los nuevos concejales, presididos por Simón de Linaza, que obtuvo los 14 votos y los concejales proclamados: Santos Muñoz, Julián Abasolo, Mariano Oiarzabal, Tomas Asua, Julián Larrinaga, Regino Barrenechea, Andrés Larrea, Pedro A. de Urizar, Aniceto Egileor, Pablo Etxebarria, Dámaso Basoa, Bernabé Totorika e Isidro Rekalde. Con 14 votos también, resultaron elegidos Santos Muñoz teniente de alcalde, Julián Abasolo segundo teniente de alcalde y Mariano Oiarzabal regidor Sindico. Una vez finalizadas las votaciones, se procedió por unanimidad a la retirada de la fotografía de Alfonso de Borbón, se solicitó el máximo de competencias en consonancia con los derechos históricos, la Corporación se adhirió a las conclusiones de la Asamblea de Gernika y se dio cuenta de la situación económica del municipio.
Pero las irregularidades ocurridas en dichos comicios, provocaron la disolución de varios ayuntamientos vizcaínos y el 31 de mayo se celebraron nuevas elecciones, produciéndose la entrada de representantes republicanos (Tomas Castillo, Justo Maguregi, Martín Ojanguren y Tomas Sagarminaga) y el abandono de los monárquicos. Dos años después, a consecuencia de los llamados sucesos de Usansolo, Simón de Linaza fue suspendido de su cargo, siendo sustituido por Santos Muñoz Orue, aunque Linaza asistió a la reunión del Comité pro defensa del Concierto Económico y de la autonomía municipal (el llamado pleito municipalista), lo que le supuso de nuevo, el abandono del cargo, lanzándose en el pleno, gritos de “¡Abajo la monarquía!” que fueron coreados por el público. Los únicos que no dimitieron de la Corporación, fueron el republicano Maguregi y el socialista Sagarminaga.
El 13 de septiembre de 1934 se intentó por primera vez constituir la Gestora gubernativa presidida por Justo Maguregi y acompañado de Tomas Sagarminaga, Carlos Gallastegi, Esteban Celaya, Isidro Ureta, Pedro Rementeria e Ignacio Preguntegi. En un momento de la votación, un gestor protestó por no poder ser que todas las papeletas fuesen en favor de Maguregi, ya que él no había votado. Pudo comprobarse por parte del secretario Vicario, que efectivamente una de las candidaturas era a favor de Tomas Sagarminaga. Posteriormente, renunciaron al cargo: Esteban Celaya, Domingo Barandica y Carlos de Gallastegi, Por otra parte, Atanasio Daniel Belsa afirmó ser nombrado gestor gubernativo contra su voluntad, pensándose en cubrir estas renuncias por significados monárquicos de la localidad. Varios meses después, el alcalde gubernativo obtuvo una plaza en la Diputación y la alcaldía pasó a manos de Tomas Sagarminaga.
Trascurridos año y medio de la Gestora municipal, en 1936 se repuso de nuevo la corporación democrática, al frente de la cual se situó de nuevo Simón de Linaza. En abril se realizó la antevotación para proclamar al candidato Julián Abasolo para las previstas elecciones municipales del 12 de abril, coincidiendo con el quinto aniversario de los comicios que dieron lugar a la República, pero no se llegaron a celebrar debido al ambiente poco propicio para ello. El 19 de abril por motivos profesionales, el teniente alcalde Santos Muñoz Orue se trasladó a Oviedo, pasando Julián Abasolo a ocupar su puesto. Una vez producido el levantamiento militar, en cumplimiento del decreto sobre integración de ayuntamientos, se solicitó cubrir las 5 vacantes existentes, correspondiendo 3 puestos al Frente Popular (por cese de Tomas Castillo de ANV, el republicano Martin de Ojanguren y el socialista Tomas Sagarminaga, al estar este detenido), y 2 al PNV (ocupados por José de Uriarte y Víctor de la Mota).
Fuente: Periodico "Dime" abril del 2014.
Fuente: Periodico "Dime" abril del 2014.
miércoles, 19 de marzo de 2014
El Obispo en la minas de Usansolo
La segunda mitad del siglo XIX supuso el desarrollo de la minería vizcaína, creando una nueva aristocracia entre los dueños de estas. Galdakao no quedó al margen de este desarrollo. En una de las visitas del obispo de Dora al municipio en agosto de 1905, este se desplazó a las minas de Usansolo. A mediodía llegó el obispo a Usansolo con el fin de bendecir las máquinas para el lavado de minerales y elevación de aguas de Agustín de Iza, cuya fuerza suministraba Carlos de Orue. Le acompañaban Esteban de Amezola, Bonifacio de Ormaechevarria y Fermín de Isasi, ambos familiares de Gandasegi, siendo acogido como de costumbre el ilustre galdakoztarra. En unión de dichas personas, de varios accionistas de las minas de Usansolo y demás invitados al acto, se dirigió al lugar en que estaban instaladas las máquinas para el lavado de minerales y bendijo el aparato de treinta caballos de fuerza. Después bendijo la bomba eléctrica para la elevación de aguas. Ambas instalaciones enorgullecían a la casa Thompson-Houston Ibérica y a su ingeniero Walter Bruch, al de las minas Jesús de Urrutia y al gerente de las mismas Francisco de Rementeria.
Acto seguido, después de dirigir el obispo frases a los que intervinieron en la instalación de dichas máquinas en las minas de Usansolo, pasó con sus acompañantes al frontón del barrio, en donde se le obsequió con un esplendido banquete al prelado, que tuvo en la mesa, a la derecha e izquierda, al párroco de Galdakao señor Uriarte y a Esteban de Amezola. Tomaron asiento en la misma mesa los familiares anteriormente citados, Agustín, Domingo y Valentín de Iza, Francisco de Rementeria, Esteban Santisteban y Agustín de Arrieta, accionistas de la minas de Usansolo, Amadeo de Gandasegi, Alejo de Eguskiza, Carlos Orue, Felipe de Jauregizar, Tomás de Larrinaga, Pedro de Arteabaro, José de Zarandona, Walter Bruch y Antonio Llomsa, empleados de la compañía Thompson-Houston; Juan José de Landa, Antonio de Allende, Enrique de Ortuzar, Juan de Zamakona, Fulgencio Martínez, Pedro de Barrenetxea y demás invitados. A los postres llegaron el maestro Vigueira de San Miguel de Basauri y Lucio de Landaburu. El menú del banquete estaba constituido por: aperitivos variados, paella a la valenciana, langosta con salsa tártara, codorniz a la italiana, espárragos a la vinagreta, pollo asado a la española, roatsbeef a la inglesa, mantecado de café, bizcocho montado, St. Honores, quesos, fruta, café y cigarros. Para beber se sirvió: Diamante blanco, limonada de vino blanco, Cañedo tinto, champagne Vauve Cliequot, champagne Pommery, Domecq, Martel, Chartreuse y Benedictine.
Cuando se destapó el champagne, inició los brindis el obispo de Dora, quien brindó por la prosperidad de las minas de Usansolo, siguiéndole en el uso de la palabra Francisco de Rementeria, gerente de dichas minas, Agustín de Iza, el médico de Galdakao señor Landa, Esteban de Amezola y el representante de la compañía Thompson-Houston. Terminado el banquete, se jugó en el mismo frontón un reñido partido de pelota entre “Riojita” y el simpático Ramón de Rementeria, contra “Artatxori”, quienes fueron aplaudidos por la gran concurrencia que acudió al partido.
Días atrás, el obispo había sido obsequiado en Galdakao por la “Sociedad Recreativa La Cruz”, que fue a su pueblo natal a visitar a sus paisanos. El banquete fue servido por el acreditado fondista León de Asua. Agradecido de su estancia en Usansolo, el obispo regresó a Bilbao a media tarde en unión de sus familiares y de Esteban de Amezola.
martes, 18 de febrero de 2014
La fiesta del Club Deportivo Elexalde
Los fundadores del
Club se reunían en un local enclavado en la “Sociedad Industria y Comercio” de
la fábrica de “La Dinamita”. Su salón principal tenía cabida para más de 500
personas, y anexo al mismo, se encontraban una magnifica biblioteca, teatro y
cinematógrafo. Por aquellos años, disponía de nombres famosos, como Tomas San
Salvador, el famoso ciclista; los hermanos Loroño y el equipo de “foot-ball”,
que en dos temporadas había pasado a la categoría B. El Elexalde era un
semillero de atletas que lanzaban, saltaban y corrían. El alma del Club lo
formaban los directivos Leizaola, Jugo, Tutor, Uriarte, Ibarra y tantos otros.
Bendición de la bandera del C.D. Elexalde. (Foto diario “Euzkadi”)
Conforme se hallaba
anunciado, se celebró en 1925 la fiesta del Club Elexalde. El tiempo, que en
días anteriores resulto lluvioso, amaneció radiante. La primera parte del
programa tuvo lugar en el barrio de Zuazo. Dieron comienzo los actos a las
nueve de la mañana con la comitiva que se trasladó al campo de deportes. Al frente
de la misma, iba la bandera que regalaron al Elexalde las señoritas locales. La
bendijo el capellán de “La Dinamita”, Santiago de Lezama, actuando de madrina
Carmen Fernández, en representación de María Begoña Chalbaud y de padrino, el
joven Carmelo de Leizaola. Terminada la bendición estalló una salva de aplausos
y se dispararon cohetes al grito de “¡Hurra Elexalde!”. Acto seguido, el
capitán del equipo, Pedro de Uriarte, recibió de manos de la madrina la
bandera, trasladándose a la capilla de la fábrica, donde se celebró una misa
rezada. Terminada la misa, se sirvió en los salones del “Club Círculo de
Oficios” un lunch, al que asistieron las autoridades locales, redactores
deportivos de los diarios “Euzkadi” y “Excelsior” e invitados. Durante el lunch
se hizo una demostración de música vasca a cargo de los txistularis Erramon y
Prutuoso. A las once y media se organizó una carrera ciclista, cuya clasificación,
después de cubrir los 24 kilómetros (Zuazo-Usansolo-Zuazo) fue: Gregorio
Etxebarria, sobre “Peugeot” en 42 minutos y 12 segundos; 2º, Julio Urkiza, a
media rueda; 3º, Miguel Landaluze; 4º, Ignacio Arrieta; 5º, Víctor Etxebarria;
6º, Vicente Gurtubai y 7º, Higinio Arana. Esta carrera tuvo su parte seria en la
excelente marca efectuada con el magnífico sprint final del pequeño Víctor
Etxebarria y la buena táctica de su hermano Gregorio, quien no se despegó de Urkiza
hasta el momento preciso, y su parte cómica, llevada por dos
"equipiers" del Elexalde con la caída de uno de ellos y el pinchazo
de Arrieta.
Tras el reparto de
premios y precedidos del txistu, se dirigieron en caravana al barrio de La Cruz,
donde se bailó el aurresku de honor. A la una y media, dio comienzo el banquete
al que asistieron 80 comensales. En la presidencia se sentaron el alcalde, León
de Asua, Amadeo Gandasegi, Pedro de Aguirre, la madrina de la bandera Carmen
Fernández, Narciso Fernández, Santiago de Lezama, Antonio Aldecoa, Pedro
Touran, Estanislao de Irazabal, Carmelo de Leizaola presidente del Elexalde,
Juan Jugo, Justo Tutor, redactores deportivos de “Euzkadi y “Excelsior”, etc. A
los postres, hicieron uso de la palabra los redactores deportivos y Justo
Tutor, que leyó sus clásicos versos. A las cinco se trasladaron al barrio de
Elexalde. Un chaparrón hizo que la romería tuviera que trasladarse a La Cruz,
donde continuó hasta el anochecer.
viernes, 31 de enero de 2014
sábado, 21 de diciembre de 2013
La lucha por el euskera
En junio de 1930, la esposa de Jacinto de Sarrionaindia, articulista
del diario “Euzkadi” y conocido con el seudónimo “Tximerlarpeko artzaña”, dio a
luz un nuevo niño, al que se le impuso el nombre
euskerico de Iñaki, participando como testigos sus hermanos Miren y Sabin. El Juez Municipal, que se preciaba de ser
amante de las tradiciones vascas, se negó a inscribir en el Registro Civil el
nombre a pesar de solicitarse de forma reglamentaria.
La causa aducida
para negarse, era que había recibido órdenes de las autoridades superiores. El Juez
Municipal hacia de este modo caso omiso a la ley del Registro de 1870, vigente
en aquel momento. Ante ello, el abogado nacionalista vasco Cosme de Elgezabal
presentó un recurso que ordenaba al Juzgado Municipal de Durango, la inscripción
del hijo de Jacinto, sin que se resolviese nada transcurridos más de seis meses.
A principios de 1931 se
redactó una carta suscrita por Lino
de Gezala y varios euzkeltzales, por la negativa de inscribir durante más de
siete años. Junto al juez, a su secretario no se le eximía de responsabilidad,
por ser inspirador de las resoluciones del Juez Municipal. Este abusaba de su
cargo y negaba a los padres el derecho a inscribir a sus hijos con nombres euskéricos,
dando lugar a recursos interpuestos por algunos que estaban pendientes de
resolución. El escrito se refería a demostrar, con textos legales y
jurisprudencia sentada por la Dirección General de los Registros, la sinrazón
de esa negativa y en su vista se pidió se hiciera el asiento conforme a su
pretensión, tal y como se establecía en estos casos.
Carmelo de
Leizaola realizó una entrevista con el Juez Municipal y le requirió una
respuesta sobre si se obstinaba en negar la inscripción a los bautizados con
nombres euskéricos. Ante una nueva negativa del Juez Municipal, Leizaola quiso conocer
las causas, siendo estas, instrucciones de la superioridad, aun siéndole
citadas resoluciones posteriores de esa misma superioridad en casos análogos. Entonces
convinieron en consultar al Juez de Primera Instancia de Durango. Este, manifestó
la legalidad del deseo de los padres, si bien, el Juez Municipal era dueño de
negar la filiación, pero “cargándose” con las consecuencias que de ahí se
derivasen. Y de aquí salió el cambio de actitud del Juez Municipal, pues este se
avino a autorizar la inscripción de los nombres. En adelante, se inscribieron
en el Registro Civil los nombres euskéricos, con la sola adición de su
traducción al castellano. Pocos meses antes del advenimiento de la II
República, después de una batalla que duro muchos meses, las autoridades judiciales se avinieron a admitir los nombres
euskéricos en el Registro Civil.
Pero como eran muchos
los nombres que habiéndose presentado en euskera, no fueron admitidos más que
en castellano y existiendo otros que no fueron inscritos ni aún así, por
negarse los padres a hacerlo si no se les hacia también en euskera, se solucionaron
estos casos, abriéndose los oportunos expedientes que se precisaban para
inscribirlos tal cual fueron bautizados, sirviéndose del Registro parroquial
para proceder a su solución. Quedaron por tanto satisfechos, los padres que deseaban bautizar a sus “umetxus” conforme
a sus deseos.
No quedaría ahí el trabajo de Carmelo Leizaola en defensa del euskera,
ese mismo año participó en la creación de “Euskaren Adizkideak”.
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