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jueves, 28 de febrero de 2019

Ignacio San Salvador del Valle: Gudari hasta los 97 años


GUDARI DEL BATALLÓN AMAYUR

Los 97 años que el pasado 7 de diciembre despidió Ignacio San Salvador del Valle López fueron fructíferos. Dieron frutos familiares, deportivos, religiosos, sindicalistas, de aprendizaje del euskera y recuerdos para toda la vida de una guerra que no debió ocurrir nunca.


Ignacio llegó al mundo el 11 de julio de 1913. Casualidades de la vida, nació en Algorta, pero residió en Bilbao, en Alameda  San Mamés. Su padre fue el famoso ciclista Tomás San Salvador, de Galdakao, y su madre Pilar López, de Espinosa de los Monteros (Burgos).

Estudió en el Colegio Santiago Apóstol y en una academia. Además aprendió francés en su estancia por dos años interno en Hazparne (Lapurdi). Más tarde, trabajó en las oficinas de Dinamita de la Gran Vía.

En tiempos de la guerra, no dudó en apuntarse al batallón Amaiur, de EAJ-PNV. Ignacio había conocido al lehendakari José Antonio Aguirre cuando este fue presidente de las Juventudes de Acción Católica de Bizkaia. “Aita era un admirador de Aguirre. Para él era un referente. Creemos que al conocerle a Aguirre decidió hacerse gudari”, relatan sus hijos Pilar, Pedro, Begoña y Ana.
San Salvador del Valle evocaba en ocasiones aquellas batallas. “Estando en Sollube, veían el reflejo de Gernika ardiendo tras el bombardeo. Al día siguiente estuvieron allí y conocieron el desastre”, aseveran.

Ignacio sufrió la cárcel de Larrinaga antes de que estallara la guerra. Fue por una huelga de ELA. “Mientras corrían, un tal Gaztelu perdió la txapela. Aita se paró unos segundos a recogérsela y los guardianes de asalto le detuvieron. En la cárcel no lo pasó mal porque le llevaban la comida los de EAJ-PNV. Con el partido iba luego a las concentraciones clandestinas en el monte”, señalan.

Casado con Felisa Bernas, de Arrazola (Atxondo) tuvo cuatros hijos. Estos le recuerdan como un hombre “discreto”, “deportista”, “amante del euskera”, que lo acabó aprendiendo. “Recordamos que viviendo en Bilbao, entrábamos a casa y estaba estudiándolo. Y como ama era de Arrazola lo hablaban juntos”.

Ignacio fue uno de los impulsores del Club Alpino Ganguren de Galdakao. No fue el fundador porque “entonces tenían que ser del régimen, pero fue de los primeros”. De su padre heredó el gusto por la bicicleta. En una ocasión utilizó este medio para ir a fiestas de San Fermín a Iruñea.

Buen padre, otras personas que le conocían guardan gratos recuerdos vividos conjuntamente. Es el caso del párroco de la basílica de Begoña, Jesús Garitaonandia. “Conocí a él y a su mujer hace unos años. Tanto el uno como la otra eran encantadores. Era un matrimonio muy acogedor. Me invitaban un viernes de cada mes. Les gustaba mucho reunirnos y contar cuentos, recuerdos de la vida”, les agradece el de Durango y prosigue: “En una ocasión me regaló un libro traído de Iparralde. Es El último mohicano en francés y lo conservo como una joya, como un tesoro por su antigüedad, y por el detalle”, enfatiza Garitaonandia.

Precisamente, la basílica acogió los funerales por Ignacio San Salvador del Valle López el pasado viernes día 10. Por motivos de la guerra, el vizcaíno tuvo que exiliarse un año en Madrid donde trabajó en Unión Explosivos Río Tinto, pero su ilusión era volver. Y lo consiguió en el Galdakao paterno. Se afincó en Tximelarre y trabajó en las oficinas, en el departamento de compras de Unión Española de Explosivos. También residió en Begoñalde de Bilbao. A falta de tres años para ser centenario, dijo agur a los suyos el día 7: Agur t´erdi.

Fuente: Iban Gorriti; DEIA, 19 de diciembre de 2010

jueves, 31 de enero de 2019

José Antonio Madariaga, aquel extremo izquierdo glorioso del Galdakao


Articulo sobre Antonio Madariaga "Toño Madari", ex presidente del C.D. Galdakao publicado en Deia.


sábado, 22 de diciembre de 2018

Pedro Mari Rementería: "El Galdakao siempre ha sido mi equipo"

Articulo publicado en Cronicas en junio de 2014



viernes, 30 de noviembre de 2018

El gudari de los cien años


Lo resume la familia de Amado Bilbao Uribarri: “Dio su vida por la familia y Euskadi. Hasta el último aliento fue gudari”. Lo fue aquel recién nacido el 8 de diciembre de 1910, día de la Inmaculada en el barrio de Iberluze en Galdakao. Falleció el pasado 22 de junio, con el curioso dato de que Amado pasa a la historia, además, por ser el primer varón de Galdakao que nació, vivió y murió en la localidad que llegó al siglo de vida.


      Amado Bilbao, primero de pie por la izquierda, junto a otros gudaris. (Foto: deia)



Quien más adelante fuera gudari del batallón Kirikiño, del PNV, llegó al mundo en el seno del matrimonio compuesto por Ignacio Bilbao, del barrio Zabalea de Galdakao y de Modesta Uribarri, de Dima. El padre trabajó en Unión Explosivos Rio Tinto de Galdakao transportando dinamita, labor por la que le apodaron como “Ignacio el caballista”. 


Tuvieron 11 hijos. Amado fue el segundo y quedó huérfano de padre cuando tenía 19 años. Por aquel entonces ya habían fallecido tres hermanos y él quedó como cabeza de familia, e hizo la labor de padre de siete hermanos, teniendo en cuenta que entre él y su hermano pequeño, que era "el más travieso" -indica la familia-, había casi 17 años de diferencia. 


Los estudios primarios los cursó con los Maristas del colegio Santa Bárbara. Fue un hombre tan querido y respetado que al cabo de los años uno de los que había sido profesor de él, y a su vez maestro de sus hijos le ponía como ejemplo a seguir para los padres de los demás alumnos", recuerdan. Amado, como su padre, trabajó en Unión Explosivos Riotinto -conocido popularmente como La Dinamita- y llegó a ser con esfuerzo delineante proyectista.


Estalló la Guerra Civil y con 26 años se alistó al batallón Kirikiño, del PNV. "La familia era nacionalista y del PNV, porque eran los que defendían las costumbres de nuestra tierra", explica María Luisa, su hermana.



Después de pasar mil desgracias en diferentes líneas del frente y de estar a punto de morir por fuego enemigo en Kanpazar, Bizkargi, en los Intxorta y en el alto de Artxanda defendiendo Bilbao fue hecho prisionero de guerra por los italianos en Limpias (Cantabria). De allí le trasladaron a un colegio de Castro Urdiales que hizo de cárcel. En este destino recibía la visita de su novia Magdalena que le llevaba comida y "disimuladamente al oído le contaba cosas del pueblo", evocan sus familiares. De allí el régimen franquista le dispersó a Gasteiz, Toledo, Castellón, y el fin de la guerra le cogió en Murcia.


Después de la guerra siguió trabajando en “La Dinamita”, hasta se jubilación. Contrajo matrimonio en 1942 con Magdalena Zabala Aranburu, que como a él le gustaba decir "no hay en el mundo una mujer tan buena". Tuvieron cuatro hijos y una hija y "a todos ellos les dieron estudios", agrega la familia. En la posguerra, con el hambre, Amado y Magdalena "con mucho esfuerzo crearon una huerta maravillosa en un monte a la que llamo Iñarramendi".


Sus aficiones iban desde la caza al club de fútbol, como él centenario, del Athletic. "Hasta sus últimos días se interesó por el Athletic, y su afición principal fue la caza, siendo buen cazador, y de joven jugó al fútbol en el equipo de La Dinamita", señalan.


Su vida la dedicó a mantener unida su familia, a Euskadi, a su huerta, a leer y a dibujar. Vivió tranquilo la jubilación y con 96 años comenzó a escribir sus memorias. Murió con cien años en paz y arropado por todos los suyos. Amado Bilbao fue un hombre muy sereno, un gudari que "dejó huella a todos los que rodearon en su vida", le reconoce su familia.


Fuente: Iban Gorriti, Deia

lunes, 29 de octubre de 2018

El mocetón con piernas de orangután


Marcelino Valle Salcedo nació el 4 de diciembre de 1915. A los dieciséis años no se le había ocurrido darle una patada a un balón, hasta que unos amigos le convencieron para que jugase con ellos en el C.D. Elexalde y empezó jugando de portero. Pero se aburría y veía con verdadera envidia cómo los delanteros se llevaban la parte más emocionante de los partidos. Y así llegó un día en que se plantó, afirmando que si no se le ponía en el puesto de delantero centro, no jugaba más. Se vinieron a razones sus compañeros y jugó en el centro del ataque los tres últimos partidos de un torneo. Marco nueve goles. En el Elexalde jugó un año. Le había visto actuar de delantero un directivo del Athletic Club de Bilbao y cuando ya estaba avanzada la temporada de 1934-35, fichó por los de San Mamés, el mismo día que Zubieta. En el Athletic estuvo hasta final de la temporada de 1935-36, mejor dicho, hasta que quedó interrumpida por la guerra.

                                                                    Foto La Tarde.



Con el Athletic fue convocado en la temporada 1935-36, pero no llegó a debutar en partido oficial y una vez encontrado un empleo cerca de Bilbao y desear quedarse aquí; al final de temporada estaban interesados tanto el Arenas como el Español aconsejado por Calcedo, por su fichaje del “morrosko”. En palabras del diario deportivo Excelsius, Marcelino Valle era “un mocetón con piernas de orangután y más peludo que un colchón de lana”.


Luego, cuando los fascistas ocuparon Bilbao, se incorporó al Ejército franquista y fue destinado al grupo de Aviación de Sevilla. Allí jugó y colaboró para formar nuevamente el Real Betis Balompié con algunos jugadores vascos disponibles, porque los jugadores béticos andaban por los frentes cumpliendo su servicio de armas. Sobre su trayectoria en el Betis una simple matización. Creo que era uno de los jugadores vascos integrados en el Batallón de Trabajos Especiales, que suelen ser prisioneros de guerra por sus ideas políticas, con lo que eso que cuenta sobre su ingreso en el Ejército franquista tras la "liberación de Bilbao" habría que ponerlo en el contexto de la época y su intento por ocultar su pasado. En la historia sobre los jugadores del Betis "Los jugadores de las 13 barras" aparece mencionado como Marcelino Valle Salcedo. Con el Betis jugó 4 partidos del Campeonato de Andalucía de 1939, marcando un gol y 1 amistoso en el que metió 3 goles.


Al terminar la guerra, quedó libre y firmó por el Xerez sólo para la temporada 1939-40. A la siguiente, dio con los huesos en el Hércules de Alicante. Y en 1941-42, se comprometió con el Racing de Santander, ya avanzada la temporada. Y así, de club en club, hasta que llegó al Deportivo de la Coruña. Que podía haber sido antes, porque el Deportivo se interesó por su ficha el año pasado. Pero en aquella ocasión no se llegó a un acuerdo y esta temporada terminaron felizmente las gestiones el pasado mes de noviembre.




Fuente: Reproducción Marca

miércoles, 26 de septiembre de 2018

El vivero de Elorritxueta

Articulo publicado en 1936 en el diario bilbaino La Tarde.



sábado, 30 de junio de 2018

Un impulsor de la innovación vasca



Si la visión de la firma Innobasque es convertir a Euskadi en el referente europeo en materia de innovación, José María Ipiña aportó su grano personal para impulsar el proyecto.

El vizcaino fue miembro del consejo de transformación empresarial de Innobasque, según confirmaron ayer a DEIA desde esta entidad. Ipiña se dio de alta como miembro del consejo de Innobasque el 6 de marzo de 2008.

José María, conocido por sus allegados como Txema, falleció a los 85 años de edad. Los funerales por su persona se oficiaron a las 19.00 horas en la iglesia parroquial Santa María de Galdakao. El empresario vasco estaba afiliado al PNV, y fue candidato de este partido en el ayuntamiento de Galdakao

Ipiña, además de su labor dentro de Innobasque, fue director de gestión de la empresa Vusa, Valeriano Urrutikoetxea SAU. También fue socio de la empresa Pavigon S.A. y asesor del órgano de administración de la empresa Dendabarri Sport, comercio de artículos deportivos.

En Galdakao, es muy recordado también por su afición al mundo de las setas. Por ello, era miembro de Sociedad Micológica Recreativa Peña Santa Cruz, fundada en marzo de 1960 con el objetivo de difundir los conocimientos de sus miembros sobre las setas. En este sentido, participan en concursos y organizan otros, que son actualmente son conocidos y reconocidos en todo el Estado.

José María fue un miembro activo de esta sociedad micológica, intentando crear afición, sobre todo entre los más pequeños, hacia la micología. En este sentido la Peña Santa Cruz posee una colección de setas artificiales maravillosamente logradas con las cuales los expertos en Micología dan clases a los más jóvenes de los colegios de Galdakao.

José María tuvo la fortuna de formar parte de aquel equipo de entusiastas micólogos que un buen día supieron de la existencia de estas setas artificiales en una farmacia de Iparralde y hasta allí se trasladaron para adquirirlas, hace ya una treintena de años.

En la Peña Santa Cruz también participó en la organización de numerosos actos como conferencias, jornadas, etc. que montaban en sus locales de Galdakao, donde la micología se combinaba en ocasiones con la gastronomía.




Fuente: Deia 2013