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martes, 25 de agosto de 2020

El joven que vengó en Galdakao la muerte de su padre

 Para relatar el crimen que cometió en 1913 el joven obrero Santos Elosegi, hay que remontarse ocho años más, hasta 1905, cuando era solo un muchacho de 12 años. Así lo hicieron también quienes tuvieron que dictaminar acerca de su culpa en los dos juicios a los que se sometió, que no tardaron en adquirir un planteamiento viciado: daba la impresión de que lo que se estaba dirimiendo allí era si la víctima había merecido o no el castigo de recibir un tiro.

Ilustración sobre el crimen publicada en "Las Ocurrencias".


El 24 de septiembre de 1905, el padre de Santos apareció muerto. A Manuel Elósegui lo encontraron en el cauce del arroyo que atravesaba la fábrica de La Basconia, en el barrio de Ariz (Basauri), y al sacar el cuerpo del agua se pudo apreciar que presentaba una herida en la cabeza. Entre los que asistieron a la recuperación del cadáver se encontraba el mayor de sus dos hijos, Santos. Según recordaría la prensa ocho años después, Manuel trabajaba como capataz en la factoría y, en el cumplimiento de sus tareas, había denunciado algunas faltas cometidas por otro trabajador de la empresa, José Antonio Zarandona. El enfrentamiento entre ambos era bien conocido y José Antonio se convirtió en sospechoso de haber matado a Manuel, pero nunca se llegaron a presentar cargos, ya que la instrucción achacó las lesiones que presentaba el cuerpo a algún impacto recibido al caer. Sin embargo, el muchacho Santos «oyó repetidas veces a su madre afirmar que su padre había sido asesinado, siendo su agresor José Antonio Zarandona», y «llegó a convencerse de que eran ciertas las suposiciones de su madre», según recogería, también a raíz de su posterior crimen, el periódico madrileño de sucesos 'Las Ocurrencias'. En el interior del adolescente fue fraguando así el deseo de vengar a su padre, que acabó convirtiéndose en una obsesión.

En 1913, Santos Elósegui era ya un joven de 20 años, de oficio electricista, que residía con su madre y su hermano en un tercer piso de la calle Chávarri de Sestao. Le llamaban 'El Chato', trabajaba en la fábrica La Vizcaya y estaba a punto de hacer el servicio militar. Pero, pese a esa vida aparentemente ordenada, Santos había trazado otros planes para su porvenir inmediato: según la crónica de 'Las Ocurrencias', ya había manifestado varias veces que, antes de incorporarse a filas, albergaba el propósito de vengar la muerte de su padre. El lunes 3 de marzo, se despidió de la fábrica, cobró los jornales que se le debían y le dijo a su madre que se marchaba a matar a José Antonio Zarandona. «La madre trató de disuadirle y procuró retenerle en casa, pero todas sus súplicas resultaron inútiles, pues Santos salió, montó en un tranvía que le condujo a Bilbao y después marchó a Galdakao, donde Zarandona vivía», relató el periódico madrileño, que incluso aseguraba que el hermano de Santos partió tras él hacia la capital y alertó allí a la Guardia Municipal, para ver si llegaban a tiempo de impedir el fatal desenlace. Otras fuentes, en cambio, sostuvieron que el encuentro entre Santos y José Antonio se había producido de manera casual, cuando el primero acudió a su viejo barrio de Aperribai para visitar a unos amigos y buscar un nuevo empleo.

El joven hizo noche en Bilbao y se desplazó a Galdakao el martes 4 de marzo por la mañana. A eso de las once, ya en Aperribai, dio con Zarandona, un hombre de 50 años que estaba trabajando una huerta. Se encaró con él y mantuvieron el siguiente diálogo.

-¿Es usted José Zarandona?

-El mismo, ¿qué quieres?

-Que venga usted conmigo para presentarse a las autoridades. Soy el hijo de Manuel, a quien usted mató.

-No puedo confesar eso, yo no fui.

El enfrentamiento verbal pronto pasó a mayores. Según algunas informaciones, fue José Antonio el primero en arremeter contra Santos, armado con un machete. En cualquier caso, el joven había acudido bien pertrechado: empuñó un revólver negro de cinco tiros, de tipo Bull Dog, y disparó dos veces, hasta que José Antonio se desplomó y rodó por tierra. «Me has matado», fueron las últimas palabras de la víctima. El segundo tiro le había atravesado el brazo y le había alcanzado el corazón. Después, Santos regresó a Bilbao y se presentó en el Gobierno civil, donde entregó el arma al ordenanza y le explicó sus motivos. También especificó que, si no lo había hecho antes, había sido por su madre: «Ahora tengo un hermano que puede sostenerla y estoy contento. No me importa ir a la cárcel», declaró.

Noble, grande y generoso

Este «suceso emocionante», como lo catalogó la prensa de la época, produjo una honda impresión en la sociedad vizcaína. El juicio se celebró ante abundante público ocho meses después, en noviembre de 1913. Entre los testigos figuró Timoteo Celaya, que acompañaba a José Antonio en la huerta cuando fue asesinado e incluso salió corriendo en persecución del agresor. También pasó por el estrado la viuda de la víctima, que explicó que Santos se había presentado primero en su casa para preguntar por su marido. Pero el proceso judicial también sometió al análisis del jurado lo ocurrido ocho años antes. Francisco Buesdinta, ingeniero de La Basconia, recordó que Miguel Elósegui había denunciado en una ocasión a José Antonio Zarandona por dormirse en horario de trabajo y añadió que este había jurado que algún día se lo iba a pagar. La defensa también llamó a José Revoque, que dijo haber presenciado lo ocurrido aquel lejano 24 de septiembre de 1905: al apearse en Ariz, vio cómo Zarandona atizaba con un palo en la cabeza al padre de Santos y, una vez en el suelo, le propinaba varios garrotazos más. «No denunció el hecho por creer que el juzgado intervendría y porque a los pocos días marchó a trabajar a Santander», recogió 'La Gaceta del Norte'.

El fiscal pidió de manera explícita al jurado que su decisión no supusiese «un incentivo a los crímenes de venganza», mientras que el abogado defensor insistió en que Santos Elósegi no era un criminal. «En esta sociedad, donde parece que todo lo bueno ha muerto, el espectáculo de un hijo que vindica la muerte de su padre es algo noble, grande, generoso -llegó a argumentar el letrado-. Si alguna familia hay desgraciada, es la del procesado, que tras haber perdido al padre ve al hijo en la situación en que ahora se encuentra». Incluso evocó dramáticamente al Santos de 12 años que «cerró los ojos de su padre y, ante la orilla del río, cubrió su rostro de besos, para ir luego a decir a su madre que ya era viuda». El veredicto del jurado fue de inculpabilidad y el tribunal absolvió a Santos Elósegi, entre aplausos de los asistentes. La revisión del juicio se celebró en febrero de 1914, con idéntico resultado.


Fuente: El Correo Español.

miércoles, 29 de julio de 2020

Capitán Aldekoa


El capitán Vicente Aldecoa Lecanda, había nacido en Galdakao el 18 de diciembre de 1920, siendo su padre ingeniero director de la Unión Española de Explosivos. 

La guerra le cogió en Galdakao, pasando su familia a Francia para después entrar en zona franquista. Estudiante de la carrera de ingeniero, ingresó durante la guerra en la Armada de Aviación, formando parte de la escuadrilla de García Morato. También combatió en los frentes de Rusia como piloto de la escuadrilla de la División Azul, poseyendo, entre otras condecoraciones, la Medalla Militar individual y la Cruz de Hierro alemana.




                                   Imagen de Aldecoa. Foto Museo Aviación Militar Española.


El capitán Aldecoa estaba casado con una nieta de Regueral, que fue durante años gobernador civil de Vizcaya. 

El 9 de mayo de 1954, se celebró el segundo festival aeronáutico del Real Aero Club de España. A las 18,39, a la salida de un “looping”, el aparato tripulado por el capitán Aldecoa perdió velocidad y altura, cayendo en un descampado próximo a la carretera de Cuatro Vientos, fuera del recinto del Aéreo Club de España. 

El capitán Aldecoa pereció a las siete menos cuarto de la tarde, en accidente de aviación  durante el desarrollo del festival aéreo celebrado en el aeródromo de Cuatro Vientos. Tripulaba una avioneta “Bucker-133 Jungmeister” monoplaza, produciéndose el accidente cuando el infortunado capitán, realizaba un ejercicio acrobático. 



                                       Bucker 133 Jungmeister
 

 Al caer a tierra fue trasladado inmediatamente al Hospital Militar de Carabanchel, donde ingresó ya cadáver. Dejó cinco hijos y se daba la triste circunstancia de que dos hermanos políticos, también aviadores y compañeros suyos en la base de León, perecieron en sendos accidentes de aviación.



Fuente: La Gaceta del Norte.


 

jueves, 25 de junio de 2020

La Josefina y Firestone

Fue un empresario poco conocido, pero que estuvo detrás de proyectos tan relevantes como el Puente Colgante, el Banco del Comercio, la fábrica de boinas “La Encartada”, el Ferrocarril Hullero de La Robla o la fábrica de hilados de algodón “La Josefina”, actual fabrica de Brigestone de Usansolo. Santos López de Letona Apoita nació en Zeanuri en 1844 y emigró muy pronto a México. Allí se casó y creó varias empresas dedicadas a fabricar o comercializar lanas y algodón, e invirtió en dos bancos.


Fábrica de “La Josefina” en Gorosibai en 1951. DAbraira.


Hizo tanto dinero que no quiso esperar mucho para convertirse en indiano. Regresó a Euskadi en 1888 y compró acciones del Banco de Bilbao, del que llegaría a ser consejero, compró muchos terrenos para urbanizar cerca de su casa, se dice que llegó a ser el propietario más importante del Ensanche de Bilbao y participó en la creación de una larga serie de empresas. Una de ellas, “La Josefina”, recogía el nombre de la que ya tenía en México. Y es que no hay que olvidar que una parte importante de la economía vasca de la época se sustentaba en personas que habían hecho las “Américas” y habían regresado enriquecidos. Dicha empresa se ubicó en los terrenos que en el siglo XVII fueron ocupados por ferrerías y en el siglo XIX por la Fábrica de Fundición de Hierro de Fernando Campos, que se declaró en quiebra. En 1899 se le otorgó la explotación de la línea de teléfonos entre Bilbao y Galdakao por el Gobierno Civil. En 1910 disponía en las cercanías de Urgoiti de un salto de agua con 2 turbinas de 25 caballos, junto con otro en Bedia con destino a la fábrica de tejidos de “La Josefina”. El pabellón de hidrófilo, con destino a gasas para farmacia, destaca por ser obra del arquitecto Rafael de Garamendi, mientras que la fábrica dispone de un antiguo edificio residencial, el palacio neoclásico de los Areizaga.

 
Harvey S, propietario de Firestone Tire Rubber Cº en su visita a Bilbao.
Foto Alonso.


El 21 de agosto de 1932, el presidente y fundador de Firestone Tire Rubber Cº realizó un viaje por el país encantado por su belleza, buscando terrenos donde asentarse y requiriendo agua dulce y ferrocarril para tal fin. A principios de 1953 se decreto declarándose urgente, la construcción de un grupo de 124 “viviendas protegidas” para los trabajadores de la empresa Firestone Hispania, S.A., en Galdakao.


                                              Ilustración de Mundo Grafico.


Firestone fue visitada por jefes de estado en la década de los 50, como Franco y William V. S. Tubman, presidente de Liberia. Bridgestone adquirió Firestone, el segundo fabricante americano, en 1988.